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viernes, 21 de noviembre de 2014


TÍTULO: Matar a un Ruiseñor (To kill a Mockingbird)
DIRECTOR: Robert Mulligan
AÑO: 1962
PROTAGONISTAS: Gregory Peck, Mary Badham, Phillip Alford y John Megna. 
GÉNERO: Drama
DURACIÓN: 129 minutos
SINOPSIS: En 1932, Atticus Finch es un respetable abogado que reside en la apacible ciudad de Maycomb (Alabama) juntos con sus dos hijos, Jem y Scout. Mientras los pequeños viven obsesionados con su misterioso vecino Boo Radley, Atticus tomará una decisión que cambiará sus vidas al aceptar la defensa de Tom Robinson, un campesino negro acusado de violar a una mujer blanca. Inocencia, valores y prejuicios se mezclarán así en una trama en la que perder la esperanza siempre es la última opción. 
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Si me preguntáis en que me gasto el dinero os responderé que en cañas con los amigos, tabaco (¡cuánto vicio!), cañas, caprichos varios, ¿he dicho ya cañas?. Como autora de un blog sobre pelis me encantaría deciros que una pequeña parte de mis ahorros también los invierto en ir, por lo menos, una vez a la semana al cine pero que queréis que os diga... está la cosa un poco complicada, porque lo de matar un dragón, vender un riñón y secuestrar tres unicornios un día de cada siete para poder comprar una entrada no es algo que se pueda hacer cada poco tiempo. Por lo menos no sin levantar sospechas.

Es por eso que cuando me comentaron que la fiesta del cine volvía a las salas españolas a finales del mes de Octubre casi me caigo de culo de la emoción y, aprovechando la coyuntura, durante esos tres días de gloria en los que las entradas costaban 2'90 euros me hinché a ver películas.

 Mención especial, sin lugar a dudas, para El Juez, dirigida por David Dobkin y protagonizada por Robert Downey Jr y Robert Duvall (dos Robert's por el precio de uno). Tremendo film, si no la habéis visto ya os estáis poniendo las pilas y no, no es un consejo, ES UNA OBLIGACIÓN. Por si no fuera poco con la trama y con el maravilloso nivel de los actores, para poner la guinda al pastel encima va Downey Jr y, en su papel de abogado cabronazo, suelta una frase de estas que te dejan más tonta que buena: "Todos queremos un Atticus Finch que nos defienda hasta que las cosas se empiezan a poner feas"

Ahí Robert, ahí tocando patata y fibra sensible nombrando al que, en 2007, el American Film Institute catalogó como el Mejor Héroe de toda la historia del cine. Y contra esto hay poco que alegar. 

No seré yo quien diga algo malo de Atticus Finch. En primer lugar porque representa tal compendio de virtudes y rectitud moral que sería un crimen hacerlo y, en segundo, porque si mi madre se entera de que por mi boca han salido sapos y culebras acerca de su queridísimo Atticus me pone las maletas en la puerta, me deshereda, me escupe y, todo, en menos de lo que canta un gallo. 

Dicho esto, no os resultará difícil imaginar la diversión permanente en la que se ha convertido mi vida (a veces me da pena no vivir en EEUU y tener licencia de armas) desde el preciso momento en el que se me ocurrió la genial idea de decirla que el siguiente análisis del blog iba a ser sobre Matar a un Ruiseñor. No es sólo que la novela sea su libro preferido sino que se ha visto tantas veces la película que se sabe diálogos enteros, ahí es ná. Pero, por si esto fuera poco, vamos a añadir el hecho de que, desde que tengo uso de razón, pocas frases he oído salir de boca de mi madre que suenen a sentencia bíblica más que estas tres:

1-La navidad empieza el 6 de Diciembre.
2-Tómate el zumo que se le van las vitaminas.
y 3- Atticus Finch es todo un caballero, es perfecto, es Dios y a ver quien tiene narices de decir lo contrario.

Así pues, hoy os traigo el análisis de una de esas cintas de cabecera, una de esas películas que te hacen seguir confiando en la raza humana y que, por lo menos para mí (gracias mamá) te devuelven a la infancia. Hoy analizo Matar a un Ruiseñor.


Gregory Peck y Harper Lee
La cinta está basada en la que sería la primera y única novela de Harper Lee, publicada en 1960. El libro, toda una crítica a la injusticia, tuvo tal éxito que ese mismo año su autora ganó el Premio Pulitzer y, con ello, una importante legión de seguidores entre los que se encontraba el productor Alan J. Pakula. Fascinado con la historia que narraba Lee, Pakula vio la oportunidad perfecta para crear una película reivindicativa pero que, a la vez, llenara las salas de cine y con esta idea se presentó en los despachos de la Universal Pictures. Allí presentó su ambicioso proyecto a los ejecutivos de la productora quienes lo rechazaron al creer que no tendría tirón para la gran pantalla pues la historia carecía de un romance, de acción y de un castigo ejemplar para el villano. 


Mostrándose en desacuerdo con la decisión de la Universal, Pakula se dirigió, proyecto en mano, a casa de su colega Robert Mulligan, un joven director de dramas televisivos y adscrito a la corriente del Nuevo Cine Estadounidense, un movimiento contrario a la censura y al modo de hacer cine en Hollywood. Con estos referentes os podréis imaginar lo que pasó, Mulligan se tomó la proposición de su amigo como un acto de reivindicación sin precedentes y, de esta forma, aceptó de inmediato co-producir y dirigir la cinta. 

Juntos se dirigieron entonces a la Universal, que, milagrosamente, aceptó el proyecto. Tras reunirse con la autora y que esta diera su visto bueno, la productora compró los derechos del libro y comenzó la búsqueda de un guionista capaz de adaptar la novela de Lee a la gran pantalla sin perder una pizca de su encanto original. Pakula y Mulligan lo tenían claro: el elegido tenía que ser Horton Foote, un viejo conocido de ambos que ya había trabajado en varias series y películas para la NBC. En un primer momento, Foote rechazó la oferta pues no creía que fuera capaz de hacer justicia a la calidad del texto escrito por Lee. Al final, y tras la insistencia de director y productor, Foote aceptó el proyecto y se puso manos a la obra.

El siguiente paso fue la elección del actor protagonista. Mulligan y Pakula llegaron a un acuerdo con la Universal por la cual ellos se encargaban de contratar al guionista y, de esta forma, la productora se centraba en la búsqueda del actor adecuado para encarnar a Atticus Finch. Su primera opción fue Rock Hudson, quien se negó en redondo. Tras esto, le ofrecieron el papel a James Stewart, quien también rechazó la oferta alegando que la
historia era demasiado liberal y que, por este motivo, podía crear controversia. 

                                                                                                                                                                    Con la Universal tirándose de los pelos por la falta de un protagonista, Mulligan y Pakula
tomaron las riendas y le ofrecieron el trabajo a Gregory Peck (Recuerda, Vacaciones enRoma) quien aceptó leerse el libro para después tomar una decisión. El actor quedóencantado con la novela. En posteriores entrevistas, Mulligan recordaría como, tras habersereunido el día anterior con Peck, éste le había llamado a las 7 de la mañana emocionado, afirmando que se había leído la novela en cuestión de horas y preguntándole que cuando empezaban a grabar. 

Mary Badham y Phillip Alford

El siguiente paso fue la elección del resto del elenco. En cuanto a los niños que encarnarían a Jem y Scout, los hijos de Atticus, Mulligan sólo pidió una cosa al equipo de casting: que los chavales no tuvieran nada que ver con Hollywood pues pensaba que aquellos que ya tenían experiencia en el mundo de la interpretación habían perdido por completo el sentido de la infancia y él necesitaba niños que actuaran como tales. Con este precedente, se hicieron audiciones por todo el país, llegándose así a entrevistar a más de mil chicos y chicas, hasta que, finalmente, los elegidos fueron Mary Badham para el papel de Scout y Phillip Alford para el de Jem. 
Robert Duvall como Boo Radley

Tras la elección de los niños llegó la del controvertido vecino Arthur Boo Radley. Necesitaban a alguien con un aspecto desaliñado pero que, a la vez, inspirara ternura y, en este caso, Horton Foote tuvo la última palabra. Por recomendación suya se contrató a un jovencísimo Robert Duvall quien, emocionado por su salto al celuloide, se preparó el papel a conciencia llegando a pasar 6 semanas alejado de la luz solar y tiñiéndose el pelo de rubio platino. 

Con el casting completo dio comienzo la búsqueda de localizaciones. En la novela, Harper Lee había creado una bucólica ciudad sureña llamada Maycomb, inspirándose en los recuerdos que tenía de su ciudad natal Monroeville, ubicada en Alabama, así que allí se dirigieron director y productor seguros de que encontrarían el escenario perfecto. Cual fue su sorpresa cuando, al llegar, se encontraron con una ciudad completamente modernizada y que poco tenía que ver con el lugar que Lee describía en su libro. Consternados, hicieron las maletas y a su regreso a Los Ángeles reunieron con carácter de urgencia a todo el equipo artístico en los estudios de la Universal. Con un presupuesto total de 2.000.000, 225.000 dólares fueron a parar a los diseñadores del film, a quienes les encargaron crear, detalle a detalle, su propia versión de la Maycomb narrada por Lee en Matar a un Ruiseñor

Finalmente, el rodaje comenzó en febrero de 1962 y terminó en mayo de ese mismo año. El ambiente en el set fue excelente, Peck y Badham, que interpretaba a la pequeña Scout, se convirtieron en inseparables y Mulligan estaba tan satisfecho con el trabajo que describió Matar a  un Ruiseñor, como una de las grabaciones más fáciles a las que se había enfrentado. 

Mary Badham agarrada a Robert Mulligan durante el rodaje
Incluso Harper Lee, muy crítica al principio, dio su visto bueno tras el primer día de grabación al ver una escena en la que Atticus abrazaba a sus hijos tras regresar del trabajo.  La escritora se emocionó tanto que Gregory Peck le preguntó que qué le pasaba y ella emocionada le contestó que su actuación le había recordado terriblemente a su padre, recientemente fallecido y en quien se había inspirado al crear a Atticus. Le dijo que incluso tenía su misma barriguita a lo que Peck, entre risas, le contestó: "Esto no es barriga Harper, es una gran actuación". 

En cuanto a la parte técnica,no puedo empezar sin hablar de los planos iniciales del film. Ese travelling que Mulligan hace a través de los pequeños tesoros que Jem y Scout esconden en una caja de puros, es hipnotizante. Y si a esto añadimos los plano-detalle que el director mezcla con el deslizamiento de la cámara el resultado es absolutamente sublime. Pocas escenas he visto yo que digan tanto sin una sola línea de texto, señores. ¡Bravo Mulligan!

Plano detalle en el film
Pero como no sólo de primeros planos viven los films, a lo largo de la cinta también abundan los contrapicados (recordemos que los niños son los que narran la historia), así como los flashbacks, los planos de tipo general o los picados para mostrar autoridad en los adultos.  

 Por otro lado, no puedo terminar con la parte técnica sin mencionar el gran trabajo que realizó Rusell Harlan con la fotografía. ¿Podéis imaginaros esta película sin el blanco y negro? Yo no y ya no sólo por el gran manejo de los claroscuros que Harlan demostró durante la grabación, sino porque sin el B/N creo que se habría perdido la mitad de la intriga y belleza que posee visualmente este film.

Al poder de las imágenes es inevitable unir la maravillosa banda sonora que Elmer Bernstein creó para la película. Toda la composición es de tipo extradiegético, es decir, que sólo la escuchan los espectadores pero esto no supone ningún problema ya que el músico supo crear las notas perfectas para cada momento del film. En él, Benstein muestra una clara preferencia por el sonido orquestal, como ya había hecho en sus anteriores trabajos (Los Siete Magníficos) ofreciéndonos así desde unos in crescendo que a más de uno le pondrían los pelos de punta hasta las melodías más suaves e intimistas. 

Finalmente, tras meses de trabajo y postproducción, la película se presentó en pase de prensa el 25 de diciembre de 1962. Las críticas fueron buenas, tanto que en febrero del año siguiente el film se presentó a concurso en la XVII edición del Festival de Cannes. Allí, Robert Mulligan ganó el premio especial Gary Cooper y la cinta, valorada por expertos hasta el momento, obtuvo su crítica final al enfrentarse al gran público en su estreno oficial el 14 de febrero. El éxito fue rotundo, con una recaudación de 13.129.846 millones de dólares, Matar a un Ruiseñor se convirtió en un taquillazo que no hacía más que cosechar aplausos y buenas críticas.
Gregory Peck tras ganar el Oscar a Mejor Actor 

Con el apoyo de expertos y público, la película obtuvo 8 nominaciones en los Oscar de 1963, de las cuales al final se alzó con 3 estatuillas: Mejor Guión Adaptado para Horton Foote, Mejor Dirección Artística y Mejor Actor para un sorprendido Gregory Peck, que tras 4 nominaciones fallidas no esperaba conseguir el premio. 

En definitiva, no os recomiendo ver este film por los galardones o por el hecho de que ocupe el puesto 25 en la lista de las 100 mejores películas de la historia, os la recomiendo porque no ver, por lo menos una vez en la vida, Matar a un ruiseñor es un pecado tan grande como el que el propio Atticus describe en la que es una de sus frases insignia


“Matar un ruiseñor es un grave pecado, porque los ruiseñores no hacen otra cosa que cantar para regalarnos el oído. No picotean los sembrados, no entran en los graneros a comerse el trigo,… no hacen más que cantar con todas sus fuerzas para alegrarnos”.

FUENTES:
Web:
http://es.wikipedia.org/wiki/Matar_un_ruise%C3%B1or
http://es.wikipedia.org/wiki/To_Kill_a_Mockingbird_%28pel%C3%ADcula%29
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/03/14/videos/1363278392_445680.html
http://rodriguezdesousa.blogspot.com.es/2009/04/breves-apuntes-sobre-la-pelicula-matar.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Mulligan
http://es.wikipedia.org/wiki/Gregory_Peck
http://elpais.com/diario/2010/08/07/babelia/1281139955_850215.html







viernes, 20 de diciembre de 2013



TÍTULO: Toro Salvaje (Raging Bull)
DIRECTOR: Martin Scorsese
AÑO: 1980
PROTAGONISTAS: Robert De Niro, Joe Pesci, Cathy Moriarty y Nicholas Colasanto.
GÉNERO: Drama/Autobiografía
DURACIÓN: 129 minutos
SINOPSIS: Nueva York. Jake La Motta (Robert De Niro) es un joven boxeador obsesionado con lograr el título de campeón de los pesos medios. Ayudado por su hermano y manager Joey (Joe Pesci) Jake saboreará el éxito pero también verá como pronto su sueño se convierte en pesadilla. La tormentosa relación que mantiene con su mujer (Cathy Moriarty), sus propias inseguridades y la presión que ejerce sobre él la mafia convertirán al boxeador en un personaje mediocre y desgastado que verá como todo su mundo se derrumba.
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Las películas de deportes no son lo mío. ¿Million Dólar Baby? Lo siento por Eastwood (Clint, te quiero) pero he sido incapaz de terminarla y mira que lo he intentado. ¿Rocky? Me quedo sólo con ese Stallone corriendo a todo trapo por las calles de Philadephia al ritmo de Eye Of The Tiger y el resto de sus interminables secuelas mejor ni las menciono. Podría estar un buen rato nombrando más películas deportivas y explicando porque no me enganchan pero el resultado sería el mismo: NO SON LO MIO.

Antes de que los amantes del deporte y el cine me crucifiquen o me hagan el vade retro os diré que, como en todo, siempre hay excepciones. En este caso son dos películas de esta temática que, lo reconozco, me encantan.

 La primera de ellas es Invictus, dirigida en 2009 por Clint Eastwood (¿ves como te quiero Clint?) y protagonizada por Matt Damon y Morgan Freeman. No sé si será el retrato que se hace de Mandela, el maravilloso poema de William E. Henley que se recita varias veces a lo largo de la película o el hecho de que el señor Freeman me parece un actorazo como la copa de un pino, el caso es que se trata de un film que recomiendo encarecidamente.

La otra película de temática deportiva que ha conseguido que no me duerma en los laureles es la que os traigo hoy, Toro Salvaje. La volví a ver hace poco con mi amiga Miryam, una enamorada de Scorsese, y aunque no me acordaba de casi nada la trama consiguió captar mi atención hasta el final. Vamos, que la recomiendo a voz en grito y por varios motivos.

No sólo cuenta con el tándem De Niro-Scorsese que, para mí, es uno de los mejores que nos ha regalado la historia del cine sino que, además, Toro Salvaje es un compendio de superación,  lucha, éxito y fracaso y un claro ejemplo de cómo lo que deseamos se puede volver en nuestra contra cuando menos lo esperamos.

Robert De Niro & Martin Scorsese
La película está basada en la novela biográfica del ex boxeador Jake La Motta, titulada  Raging Bull: My Story. En 1974, Robert De Niro estaba inmerso en el rodaje de El Padrino II y Scorsese  realizando el film Alicia ya no vive aquí. Entre toma y toma, De Niro leyó el libro y quedó tan fascinado con la historia que le propuso a Scorsese la adaptación de la novela a la gran pantalla. En un primer momento, el director rechazó el proyecto alegando que ya tenía otras películas en mente, pero tras el fracaso de New York, New York en 1977, De Niro volvió a proponerle la idea a Scorsese y esta vez el realizador, sumido en una grave depresión, aceptó encantado.

Uno de los primeros problemas que se le plantearon al director fue la adaptación de la novela a un guión cinematográfico. El libro original repasaba la vida de Jake La Motta durante un periodo de 50 años, por lo que resumirlo iba a ser un asunto peliagudo. Sin saber cómo enfocar el asunto y con la preproducción de la película estancada, Scorsese le envió la novela al guionista Mardik Martin para que este hiciera un primer tratamiento del script. El resultado fue un desastre, Mardik le enseñó  a Scorsese un guión tan largo y enrevesado que no había por donde cogerlo, asique el director, a punto del colapso, le pidió a Paul Schrader, con quien ya había trabajado en Taxi Driver, que hiciera una nueva versión.

Pasadas unas semanas, el guionista le envió a Scorsese un nuevo script y, a pesar de que incluía demasiadas palabrotas (la palabra fuck se dice 114 veces) y un sinfín de escenas violentas y sexuales, este recibió la aprobación del director. Finalmente, y con el guión de Schrader aún caliente entre las manos, Martin Scorsese y Robert De Niro se marcharon a la Isla de San Martin, en el Mar Caribe, en donde terminaron de pulir y estructurar el escrito en 20 días.

Una vez establecido el guión llegó la hora de elegir al elenco. Desde un primer momento, Scorsese no tuvo dudas acerca de quien iba a encarnar a Jake La Motta. O lo hacía Robert De Niro o no lo hacía nadie y no sólo porque el actor ya hubiera interpretado con éxito a un personaje violento, inseguro e imprevisible (recordad al Travis Bickle de Taxi Driver) sino porque el director sabía que De Niro se dejaría la piel en su papel. Como buen actor de método, De Niro se ha caracterizado a lo largo de su carrera por mimetizarse exageradamente con sus personajes, hasta tal punto que no se sabe nunca donde comienza él y donde la actuación. Y para que veáis que se de lo que hablo os pongo algunos ejemplos: semanas antes del rodaje de El Padrino II  aprendió a hablar el dialecto siciliano propio de Vito Corleone, para la preparación de su personaje en Taxi Driver estuvo trabajando 4 semanas como taxista y en El Cabo del Miedo pagó a un dentista 5000 dólares para que le estropeara los dientes con el fin de interpretar al ex convicto Max Cady.

Con estos ejemplos de dedicación y compromiso imaginaos la preparación de De Niro a la hora de convertirse en Jake La Motta. No sólo mantuvo largas conversaciones con el ex boxeador sino que, además, entrenó con él y se presentó a 3 combates de los cuales ganó 2.

Cathy Moriarty
Mientras que De Niro se preparaba para su papel el resto del elenco aún estaba pendiente de elección. Con un Martin Scorsese más preocupado por las cuestiones técnicas fue Cis Norman, el director de casting, el encargado de escoger al resto de actores. Para el papel de Joey La Motta, hermano y manager de Jake, Norman se decidió por Joe Pesci, un intérprete poco conocido a finales de los 70 a quien había visto en una película de bajo presupuesto. El director de casting quedó tan fascinado con su trabajo que le ofreció el papel de inmediato. En cuanto al personaje de Vicki, la mujer de Jake, la elección fue más complicada. Cientos de actrices acudieron a la audición, incluida una joven Sharon Stone, pero ninguna convencía del todo a Norman hasta que Joe Pesci le enseñó una fotografía. En ella aparecía una modelo de 20 años llamada Cathy Moriarty. La belleza de la chica, mezcla de inocencia y femme fatale a partes iguales, cautivó tanto a Norman que, sin dudarlo, le ofreció el papel y ella lo aceptó de inmediato.

Con el elenco y el guión decididos, Scorsese empezó la búsqueda de localizaciones para el rodaje. El director tenía serias dudas sobre donde rodar pero al final se decidió por dos grandes ciudades: Los Ángeles y su adorada Nueva York. De esta forma, el rodaje comenzó en abril de 1979 y se prolongó hasta diciembre de ese mismo año.

La Transformación de R.De Niro en Toro Salvaje
Los primeros dos meses y medio se dedicaron a la grabación de los combates en el Olimpic Auditorium de LA. Con las peleas ya grabadas, el equipo se trasladó durante cinco meses y medio al barrio neoyorkino del Bronx, en donde se realizaron el resto de tomas. De este medio año, dos meses y medio se invirtieron en grabaciones y los tres restantes en un parón para que Robert De Niro transformara su apariencia con el fin de interpretar a un avejentado La Motta. Para reflejar el abandono del boxeador el actor engordó un total de 27 kilos, lo que le llevó a conseguir un record mundial que más tarde superaría Vincent D’Onofrio con 30 kilos y que, en la actualidad, posee el actor español Antonio de la Torre, quien aumentó su peso 33 kilos para el rodaje de la película Gordos.

Pesci y De Niro durante el rodaje
Las grabaciones se realizaron en medio de un buen rollo envidiable. No sólo por la amistad entre Scorsese y De Niro, sino también por la que se formó entre el protagonista y Joe Pesci. Meses antes del rodaje De Niro y Pesci empezaron a convivir con el fin de mostrar en pantalla la complicidad propia de unos hermanos. La sensación de hermandad que surgió entre los dos actores se transformó en una gran amistad que ni siquiera se vio afectada cuando Robert De Niro le rompió accidentalmente una costilla a Pesci durante la grabación de la famosa escena del “¡Pégame!”.

Robert De Niro y M.Scorsese en Toro Salvaje
En cuanto a la parte técnica, fue uno de los detalles que Scorsese procuró cuidar al máximo. El director tenía claro que Toro Salvaje debía mostrar la crudeza del boxeo. Tenía que ser una película que impactara al público pero que, al mismo tiempo, reflejara la realidad de este deporte. Para ello, decidió documentarse acudiendo a dos combates que se celebraron en el Madison Square Garden de NY. Allí Scorsese se empapó de los sonidos, movimientos y lenguaje propios del boxeo y con la libreta llena de ideas se puso manos a la obra.

Aunque en un primer momento decidió que grabaría en color al final se decidió por el clásico blanco y negro. Los motivos de esta decisión fueron dos. El primero surgió gracias a un consejo de Michael Powell, asesor de producción y antiguo profesor de Scorsese en la Universidad de Nueva York. Durante la preparación de una escena de lucha, uno de los boxeadores llevaba unos guantes rojos. Al ver la toma a través de la cámara Powell comentó al director que ese color era molesto y, además, le advirtió que si no le restaba importancia a la cromática el espectador se distraería. El segundo motivo que llevó a Scorsese a decidirse por el B/N fue el hecho de que estaba obsesionado con mostrar el duro realismo de los combates de boxeo. De esta forma Toro Salvaje se convirtió en la única película del realizador italoamericano grabada en blanco y negro.

El único problema a la hora de grabar en estos colores era la sangre. Cuando Scorsese acudió a los combates en el Madison Square Garden, quedó impactado con la gran cantidad de sangre que se derramaba y quiso reflejar eso en su film. Al comenzar el rodaje y ver las escenas de lucha, el tono de la sangre quedaba tan claro que no se sabía muy bien que era asique para solucionarlo recurrió a un truco de la vieja escuela. Scorsese, gran fan de Hitchcock, conocía los problemas que el director inglés había tenido con el color de la sangre a la hora de rodar su famosa escena de la ducha en Psicosis. Para solucionarlo, Hitchcock sustituyó el falso plasma por chocolate Hershey’s derretido y esto mismo fue lo que hizo Scorsese en Toro Salvaje.

La cámara en el ring ofrece realismo
En el film abundan la toma panorámica y los planos medios pero merecen mención especial los constantes primeros planos, el gran uso de la grúa y el empleo de la cámara lenta en los combates. Todos estos elementos son fruto de la cooperación entre M.Scorsese y Michael Chapman, director de fotografía. Si a esto le sumamos las múltiples escenas en las que la cámara se encuentra dentro del ring, el resultado es maravilloso desde un punto de vista técnico. No sólo se nos muestra el realismo y la violencia de los combates sino que, además, consiguen que el espectador sienta que ha pagado la entrada, que está contemplando el combate y que, incluso, le salpica la sangre de los boxeadores.

Ya conocemos la importancia de la imagen en una película pero el sonido también es un elemento clave y a menudo un gran olvidado. En este sentido, Toro Salvaje se desmarcó al cuidar al máximo los detalles auditivos del film. Para recrear los golpes de los puñetazos se machacaron un montón de tomates y melones y para los flashes de las cámaras se grabaron múltiples disparos de pistola. Aunque, normalmente, las grabaciones se guardan en los estudios, en esta ocasión los técnicos de sonido, previo mandato pro-copyright de Scorsese, destruyeron todas las cintas con el fin de que nadie las volviera a utilizar.

Tras seis años de duro trabajo Toro Salvaje se estrenó en cines el 19 de diciembre de 1980 y aunque la película obtuvo el reconocimiento del público,  la crítica se hizo  de rogar. Los primeros comentarios de los expertos no fueron favorables, pero cuando Scorsese ya empezaba a hundirse llegaron las nominaciones a los Globos de Oro y el director vio la luz. Su film recibió 6 candidaturas, de las cuales sólo obtuvo el Globo de Oro al Mejor Actor de Drama para Robert De Niro. En plena resaca de éxito renovado y con una crítica que empezaba a cambiar de opinión llegaron los Oscar. Toro Salvaje obtuvo 8 nominaciones, entre ellas a Mejor Director, Mejor Actor para De Niro y Mejor Película, posicionándose así como una de las favoritas.

Aunque, finalmente, la estatuilla a mejor cinta fue para Gente Corriente de Robert Redford y la película de Scorsese sólo cosechó el Oscar a Mejor Actor, Toro Salvaje comenzó, tras la gala, a obtener el reconocimiento que merecía. La revista Premiere posicionó la interpretación de De Niro como Jake La Motta en el puesto número 10 de las 100 mejores actuaciones de todos los tiempos; la cadena de deportes ESPN la ha considerado la 3ª mejor película de deportes, tan sólo superada por Rocky y Bull Durham y el American Film Institute  la ha catalogado como la 4ª mejor película de todos los tiempos y la 1ª de deportes.

En definitiva, Toro Salvaje es un film que el propio Martin Scorsese definió como kamikaze pues en él se conjugan ambición, deseo, violencia, espectáculo y todo ello en un escenario en el que De Niro es el Rey cuando dice aquello de:

Den un escenario a este toro donde pueda demostrar su bravura, pues aunque lo mío es pelear, más me gustaría saber recitar. ¡Esto es espectáculo!

FUENTES:

martes, 3 de diciembre de 2013

Aquí va mi primer análisis, espero que os guste!


TÍTULO: Vértigo
DIRECTOR: Alfred Hitchcock
AÑO: 1958
PROTAGONISTAS: James Stewart, Kim Novak, Henry Jones y Bárbara Bel Geddes
GÉNERO: Suspense/Cine negro
DURACIÓN: 128 minutos
SINOPSIS: La acción transcurre en San Francisco. Scottie Ferguson (James Stewart) es un detective obligado a dejar su trabajo tras sufrir una grave crisis de vértigo en una persecución. En pleno retiro, recibe la llamada de un antiguo compañero de estudios, Gavin Elster (Henry Jones), quien le propone al ex detective una última misión: vigilar a su esposa Madeleine (Kim Novak) quien, al parecer, está actuando de forma extraña. Scott, aunque reticente, aceptará el trabajo y se verá entonces inmerso en una trama de misterios, intrigas y obsesiones en la que nada ni nadie son lo que parecen.
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Tengo una confesión que hacer: estoy enamorada de la Sexta3. No sólo echan películas que ninguna otra cadena se molesta ya en emitir sino que, además, entre título y título cuelan algunas entrevistas y reportajes que rozan lo glorioso. Hace poco estaba zapeando como una loca, llegué a este canal y mi dedo se detuvo como por arte de magia al ver lo que estaban dando.
Con motivo del estreno de “Las Brujas de Zugarramurdi” estaban echando una mini entrevista de Alex de la Iglesia (@alexdelaIglesia), uno de mis directores preferidos, en la que le pedían que dijera cual era la película que más veces había visto. Su respuesta fue inmediata, “Vértigo”,  de Alfred Hitchcock. El director vasco decía que había días en los que se la ponía desde por la mañana hasta por la noche y que nunca se cansaba de ella. Afirmaba, además, que le fascinaba el tratamiento de la obsesión que Hitchcock hacía en ella y que se sabía diálogos enteros.
Cuando terminó la entrevista apagué la tele y me puse a hacer cosas pero durante el resto del día estuve pensando en ella y en las palabras de de la Iglesia. La obsesión de “Vértigo” se convirtió en mi obsesión y me pregunté ¿hace cuánto que no veo esa película? Años, asique en un rato libre me la puse, dispuesta a zanjar el tema.
Si la primera vez que la vi, en mi tierna infancia, me encantó tengo que decir que esta vez me fascinó ¡y eso que tengo vértigo! No sé si fue la actuación de James Stewart, que en manos de Hitchcock nunca decepciona (acordaos de “La ventana indiscreta”), el desarrollo de una trama que te mantiene en vilo o el amor que mi madre siempre me ha inculcado hacia este director inglés, el caso es que se la recomiendo a todo el mundo y por varios motivos.
A.Hitchcock durante el rodaje de "Los Pájaros"
La película, rodada entre septiembre y diciembre de 1957, está basada en la novela “Sudores fríos: De entre los muertos” de Pierre Boileau y Thomas Narcejac. Para todo aquel que no lo sepa, a Hitchcock le encantaba leer y muchas de sus películas están basadas en obras que en su momento le cautivaron (“Rebeca”, “Extraños en un tren”…) La novela de Boileau y Narcejac fue una de ellas.
A pesar de que en un primer momento el cineasta vio clara la trama, la adaptación supuso un problema para su equipo de guionistas, quienes no lograban darle el enfoque que él buscaba. Al final, con la presión de la Paramount y tras varios meses de trabajo, Hitchcock encargó el trabajo a los autores de la novela y se centró en otros temas que le preocupaban más, como la elección de la actriz principal.
Desde el principio, el director imaginó en el papel de Madeleine a la intérprete Vera Miles, con quien ya había trabajado en “Falso Culpable” un año antes, pero el embarazo de la actriz hizo que el papel finalmente recayera sobre Kim Novak, con la que el director nunca congenió. Años más tarde,  en el libro de François Truffaut “Hitchcock/Truffaut”, el director expresó su decepción con Vera Miles de la siguiente forma:
“Se presentó embarazada momentos antes de la obra que iba a convertirla en una estrella. Después de esto, perdí interés. No podría conseguir el ritmo con ella de nuevo.”
No sabemos si fue por el cambio repentino, por el hecho de que el maquillaje y vestuario de Madeleine estaban hechos a medida de Vera Miles o por simples cuestiones personales. El caso es que el director y la Novak se llevaron a matar durante el rodaje de “Vértigo” y tuvieron varios encontronazos.
 En una ocasión, mientras grababan una escena la actriz le preguntó a Hitchcock acerca de la motivación de su personaje, a lo que el director, exasperado, le respondió ¡Kim, sólo es una película!. Otras anécdotas de rodaje fueron el hecho de que el cineasta, aficionado a las bromas pesadas, dejara en el camerino de Novak un pollo muerto y desplumado o que la tuviera una semana entera grabando la escena del museo en la que su personaje contempla el cuadro de Carlota Valdés hasta que la pobre rozó la crisis nerviosa.
Kim Novak y James Stewart en "Vértigo"
A pesar de todo, a Hitchcock le quedaba James Stewart, con quien ya había trabajado en películas de éxito como “La soga” o “El hombre que sabía demasiado”. Su trato con el actor fue bastante diferente, amigable incluso, teniendo en cuenta la predilección de el cineasta por las actrices (sobretodo rubias) y el pasotismo que mostraba hacia los intérpretes masculinos. Con Stewart el director estaba tranquilo, sabía que si le pedía algo él pondría todo su empeño en hacerlo.
Un tema que preocupaba especialmente a Hitchcock, quizás más que la elección de la actriz principal, era el de las localizaciones. En una película que habla sobre el miedo a las alturas y en la que los vaivenes emocionales de los protagonistas son una constante, la elección del emplazamiento era importante. Finalmente y tras estudiar varios lugares, el director se decantó por la ciudad de San Francisco. El motivo fue, según sus propias palabras, que 


La historia pedía una sofisticada ubicación metropolitana y, de todas las existentes en América, San Francisco es la que mejor encaja por el campo que la rodea y su arquitectura.
El Puente Golden Gate de San Francisco en una escena de la película
Los lugares de rodaje elegidos fueron la Bahía de San Francisco, el puente Golden Gate, North Beach o la famosa Lombard Street, conocida por ser la calle más tortuosa del mundo y en la que se ubica el apartamento de Scottie. Sin duda emplazamientos escogidos adrede: el puente Golden Gate aparece en el momento en el que Madeleine se lanza al mar, en North Beach se encuentra el elegante restaurante en el que Scottie ve por primera vez al sofisticado personaje de Kim Novak y Lombard Street es un amasijo de subidas y bajadas, como la vida de Scott tras conocer a Madeleine.
En cuanto a la parte técnica es de obligada mención los increíbles títulos de crédito que Saul Bass creó para esta cinta. Cuando Hithcock se puso en contacto con él y le pidió que diseñara los créditos de inicio fue muy específico. Él quería que la gente  experimentara en sus butacas la sensación de vértigo, de caída al vacío y eso fue, precisamente lo que hizo Bass. A través de círculos superpuestos, en llamativos colores sobre un fondo negro, letras que se alejan poco a poco y con el uso del rojo (color que indica peligro) el diseñador gráfico consigue que el espectador esté en tensión nada más empezar la película.
El efecto vértigo creado por Irmin Roberts
Otro efecto que ayuda a la hora de experimentar el vértigo es el truco de cámara conocido como zoom picado. El responsable de este efecto fue Irmin Roberts, un cámara que en 1939 ya había conseguido un Oscar a mejores efectos especiales. La escena inicial de la película, en la que Scott cuelga de un tejado mientras mira a un vacío que se aleja, o aquella en la que el hueco de la escalera del campanario se mueve son obra del señor Roberts. Cada una de ellas costaba 19.000 dólares hacerlas pero el resultado lo vale.
Una vez terminada la película, comenzó la promoción de la misma. Su distribuidora, la Paramount, y el propio Hitchcock fueron los encargados de hacerla. Antes de su estreno oficial, “Vértigo” se presentó en el Festival de Cine de San Sebastián, en dónde logró la Concha de Plata al Mejor Director para Hitchcock y la Concha de Plata al Mejor Actor para James Stewart.
A pesar del triunfo obtenido en este festival, la recepción de la crítica y los espectadores no fue muy buena. Con un presupuesto inicial de 2.479.000 dólares, la Paramount cubrió poco más que los gastos y Hitchcock no volvió a disfrutar del beneplácito de expertos y público hasta el estreno en 1960 de su aclamada “Psicosis”.
Como todo lo malo nunca es tan malo, cabe destacar que la película optó a dos Oscar, uno a mejor dirección artística y otro a mejor sonido y que el Sindicato de Directores de EEUU nominó a Hitchcock a Mejor Director del Año. Además, “Vértigo” ocupa el puesto número 9 en la lista de las 100 mejores películas de la historia, elaborada por el American Film Institute, y recientemente el Festival de Cine Británico la catalogó como la mejor película de todos los tiempos, por encima de la hasta ahora imbatible “Ciudadano Kane” de Orson Wells.
En definitiva, si queréis disfrutar de una buena trama, llena de diálogos mordaces e irónicos y en la que se conjugan acción, amor, obsesión y suspense os recomiendo que le echéis un vistazo a “Vértigo”, porque como decía el propio Alfred Hitchcock:
Estoy seguro de que a cualquiera le gusta un buen crimen, siempre que no sea la víctima.
FUENTES:
Web
Libros:
Alfred Hitchcock: La cara oculta del genio de Donald Spoto, ed RBA 2008